Joe sonrió.
-La verdad es que estoy muy bien. La que está asustada es Ronnie. Lee todo lo que cae en sus manos sobre el embarazo y los bebés. Y creo que los libros la están asustando todavía más.
-Santo cielo, un niño -repitió Zac-. ¿Vais a llamarlo Joe Cat Júnior?
-Yo quiero una niña -reconoció Joe. Su sonrisa se suavizó-. Una pelirroja, como su madre.
-Bueno, ¿y qué es lo demás? -preguntó Zac. Al ver la mirada de sorpresa de Joe, añadió-: Has dicho que sólo era en parte una visita de cortesía. Eso significa que hay algo más. ¿A qué has venido, aparte de eso?
-Ah, sí. Steve Horowitz me llamó para pedirme que estuviera presente cuando hablara contigo.
Zac se tensó de inmediato mientras se ponía la camiseta. Steve Horowitz era su médico. ¿Para qué quería que Joe estuviera allí cuando hablara con él?
-¿Por qué?
Joe no dijo nada, pero su sonrisa se desvaneció.
-Al fondo del pasillo hay una sala de oficiales -dijo-. Steve dijo que hablaríamos allí.
Una charla en la sala de oficiales. Aquello era aún más serio de lo que Zac había imaginado.
-Está bien -dijo con calma. Era absurdo presionar a Joe. Sabía que su antiguo jefe no le diría nada hasta que apareciera Steve.
-¿Cómo va tu rodilla? -preguntó Joe mientras iban por el pasillo. Caminaba despacio a propósito, sin forzar el paso, para que Zac pudiera seguirlo.
Zac sintió una punzada de irritación que conocía bien. Odiaba no poder moverse con rapidez. Maldición, en otro tiempo solía batir todas las marcas de velocidad durante el entrenamiento físico.
-Hoy me encuentro mejor -mintió. Cada paso que daba le dolía a rabiar. Y lo más ridículo de todo era que Joe sabía perfectamente cuánto le dolía.
Empujó la puerta de la sala de oficiales. Era una habitación bastante agradable, con grandes y mullidos sillones y un enorme ventanal que daba a los jardines. La moqueta era de un tono azul ligeramente más claro que el del cielo, y la tapicería de los sillones hacía juego con la abundante vegetación que crecía más allá de la ventana. Los colores sorprendieron a Zac. Solía ir allí bien entrada la noche, cuando no podía dormir. En la penumbra, las paredes y los muebles le habían parecido grises.
Steven Horowitz entró en la sala un paso por detrás de ellos.
-Bueno -dijo con sus maneras enérgicas y eficientes. Saludó a Joe con una inclinación de cabeza-. Gracias por venir, teniente. Sé que usted también está muy ocupado.
-Para esto, no, capitán -contestó Joe con calma.
-¿Y qué es «esto» exactamente? -preguntó Zac. No estaba tan inquieto desde la última vez que había salido a «husmear» en una operación de recogida de información tras las líneas enemigas.
El médico señaló el sofá.
-¿Por qué no nos sentamos?
-Prefiero estar de pie, gracias -Zac había pasado mucho tiempo sentado durante los primeros años después de resultar herido. Había pasado demasiado tiempo en una silla de ruedas. Si podía elegir, ya nunca se sentaba.
Joe se acomodó en el sofá y estiró las largas piernas. El médico se sentó al borde de un sillón. Sus gestos parecían anunciar que no pensaba quedarse mucho tiempo.
-Esto no va a gustarle -le dijo bruscamente a Zac-, Ayer firmé su alta para que se marche del centro. Zac no podía creer lo que estaba oyendo.
-¿Qué?
-Se va de aquí -dijo el médico, no sin amabilidad-. Hoy, a las dos de la tarde.
Zac miró al médico y a Joe. Éste tenía la mirada velada por la amargura, pero no contradijo a Horowitz.
-Pero mis sesiones de fisioterapia...
-Han terminado -concluyó el doctor-. Has recuperado suficientemente el uso de la rodilla y...
-¿Suficientemente para qué? –preguntó Zac, enfurecido-. ¿Para andar cojeando? ¡Eso no es suficiente, maldita sea! Tengo que ser capaz de correr. Tengo que poder...
Joe se irguió en su asiento.
-Steve me ha dicho que lleva semanas estudiando tu historial -dijo con serenidad a Zac el comandante de la Brigada Alfa-. Por lo visto, no ha habido mejoras...
-Porque estoy pasando una época mala. Suele pasar en esta clase de...
-Su fisioterapeuta se ha mostrado preocupada porque se esté usted excediendo -lo interrumpió Horowitz-. Se está esforzando demasiado.
-Corte el rollo -Zac agarró tan fuerte el bastón que se le transparentaron los nudillos-. Se me ha agotado el tiempo, ¿no es eso? -volvió a mirar a Joe-. Alguien del piso de arriba ha decidido que ya me he aprovechado suficiente, que tengo que dejar mi cama vacía para que la ocupe algún otro infeliz sin esperanzas de recuperarse del todo, ¿no?
-Sí, quieren tu cama -contestó Joe asintiendo con la cabeza-. En parte es eso, sí. En los centros de veteranos, las plazas son limitadas. Ya lo sabes.
jueves, 21 de octubre de 2010
lunes, 18 de octubre de 2010
CAPITULO 1

AAAAHH! HOY MI ZAC CUMPLE 23 AÑOS! ME ACUERDO CUANDO APENAS LO VI, TENIA 17 AÑOS Y ME PARECIO TAN LINDO... ME ENCANTARIA ESCRIBIR MAS SOBRE MI ZAC PERO ANDO RAPIDOO(:
FELICIDADESS ZACC! AMOR MIO QUE DIOS TE BENDIGA(:
Capítulo 1
A Zac le ardía la rodilla.
Tuvo que recostarse en el bastón para llegar de la ducha a la habitación que compartía con otros tres veteranos, y aun así la pierna le dolía a rabiar con cada paso que daba.
Pero el dolor no tenía importancia. Había formado parte de la vida cotidiana del teniente de la Marina Zachary Efron, conocido como Zac, desde que, hacía más de cinco años, durante una operación secreta de rescate, su pierna había estado a punto de saltar por los aires.
Con el dolor podía arreglárselas.
Era el bastón lo que no soportaba.
Era el hecho de que su rodilla no aguantara el peso de su cuerpo, ni pudiera estirarse del todo, lo que lo sacaba de quicio.
Hacía un día caluroso en California, así que se puso unos pantalones cortos, aunque era consciente de que no ocultarían las feas y descarnadas cicatrices de su rodilla.
Había sufrido su última operación sólo unos meses atrás. Habían vuelto a abrirle la pierna para intentar recomponer las piezas, como si fuera Humpty Dumpty. Tras la obligada estancia en el hospital, lo habían mandado allí, a aquel centro de rehabilitación, para que fortaleciera la pierna y para ver si la operación había servido de algo: para ver si tenía más flexibilidad en la articulación lesionada.
Pero su médico había tenido tan poco éxito como los legendarios caballos y los hombres del rey de Humpty Dumpty. La operación no había mejorado la rodilla de Zac.
Su médico no había podido recomponerla.
Llamaron a la puerta y ésta se abrió el ancho de una rendija.
-Vaya, Zac, ¿estás aquí?
Era el teniente Joe Catalanotto, comandante del Equipo 10 de la Brigada Alfa de los SEAL: la brigada a la que, hacía un siglo de dolor, frustraciones y esperanzas malogradas, había pertenecido Zac.
-¿Dónde iba a estar si no? -respondió Zac.
Notó que Joe reaccionaba a la agria respuesta y que su mandíbula se tensaba cuando entró en la habitación y cerró la puerta tras él. Se fijó en la expresión de sus ojos oscuros: una expresión reservada y reticente.
Zac había sido siempre el más optimista de los miembros de la Brigada Alfa. Su actitud era siempre cordial y animada. Allá donde fueran, Zac salía a la calle y trababa amistad con la población local. Era siempre el primero en sonreír, el que gastaba bromas antes de un salto en paracaídas a gran altitud, el que aliviaba la tensión y hacía reír a todo el mundo.
Pero Zac ya no reía. Había dejado de reír hacía cinco años, cuando los médicos entraron en su habitación del hospital y le dijeron que su pierna no volvería a ser la misma. Que nunca volvería a caminar.
Al principio, se había enfrentado a ello con el mismo talante animado y optimista de siempre. ¿Que no iba a volver a andar? Eso habría que verlo. Iba a hacer algo más que andar. Iba a volver al servicio activo. Iba a correr, a saltar y a tirarse de cabeza al agua. No había duda.
Habían hecho falta años de intensa concentración, operaciones y fisioterapia. Había pasado del hospital al centro de rehabilitación y viceversa muchas veces. Había luchado con ahínco, y había vuelto a caminar.
Pero no podía correr. Apenas lograba andar cojeando con el bastón... y los médicos le habían aconsejado que no se moviera mucho. La rodilla no soportaba el peso de su cuerpo, decían. El dolor que él soportaba estoicamente era un signo de advertencia. Si no tenía cuidado, perdería el poco uso que tenía de la pierna.
Mala suerte.
Porque, mientras no pudiera correr, no volvería a ser un SEAL.
Aquellos cinco años de decepciones, frustración y derrota habían ido desgastando el optimismo y el ánimo de Zac. Cinco años ansiando recuperar la emoción de la vida de un SEAL de la Armada; cinco años de retiro temporal, sin esperanzas reales de volver al servicio activo; de ver cómo la Brigada Alfa lo reemplazaba; cinco años arrastrando los pies, cuando ardía en deseos de echar a correr. Todo ese tiempo lo había dejado agotado. Había perdido su alegría. Estaba deprimido. Se sentía frustrado. Y estaba furioso.
Joe Catalanotto no se molestó en contestar a su pregunta.
Su mirada de halcón se fijó en el cuerpo musculoso de Zac y se detuvo un momento en las cicatrices de su pierna.
-Tienes buen aspecto -dijo-. Te mantienes en forma. Eso está bien. Está muy bien.
-¿Esto es una visita de cortesía? -preguntó Zac con aspereza.
-En parte sí -respondió Joe. Su rostro de facciones duras se relajó en una sonrisa-.
Tengo buenas noticias y quería contártelas.
Buenas noticias. Rayos, ¿cuánto hacía que Zac no recibía una buena noticia?
Uno de sus compañeros de habitación, que estaba tendido en la cama, leyendo un libro, levantó la mirada.
A Joe no pareció importarle. Su sonrisa se hizo más amplia.
-Ronnie está embarazada -dijo-. Vamos a tener un hijo.
-No me digas -Zac no pudo evitar sonreír. Pero sintió su sonrisa extraña, poco natural. Hacía mucho tiempo que no usaba aquellos músculos de la cara. Cinco años atrás, habría dado a Joe palmadas en la espalda, habría hecho chistes obscenos acerca de la virilidad y la procreación y se habría reído como un tonto. Pero ahora sólo podía componer una sonrisa. Alargó la mano y estrechó la de Joe para darle la enhorabuena-. Que me maten. ¿Quién iba a pensar que acabarías convertido en un padre de familia? ¿No estás asustado?
miércoles, 13 de octubre de 2010
EL LUNES EMPIEZO LA NOVE(: NO TENGO NADA QUE DECIRLES ASI QUE ME VOY... YA EL LUNES LES DIRE VARIAS COSAS. LES AGRADESCO SU APOYO(; ENCERIO NO SE COMO PAGARSELO... BUENO, UN BESO:* ESPERO QUE TODAS ESTEN BIEN
jueves, 7 de octubre de 2010
BUENO, A DECIR VERDAD HUBO UN PROBLEMA CON LA NOVE SI QUIEREN SABER QUE ES AQUI ESTA http://foro.univision.com/t5/Vanessa-Hudgens/Al-calor-de-la-Pasion-Zanessa/m-p/241412208 CHEKEN ESO, MIREN, YO LES DIJE DESDE UN PRINCIPIO QUE ERA UNA NOVE ADAPTADA, NO ERA IDEA MIA Y NO LA COPIE A LA OTRA WEBNOVELA :S... YO LA SAQUE DE UNA PAGINA DE NOVELAS CONTEPORANEAS Y SOLO LE CAMBIE LOS NOBRES POR LOS DE ZANESSA... BUENO, POR DADAS LAS CIRCUNSTANCIAS LA CAMBIARE... NO QUIERO QUE PIENSEN QUE LA COPIE DE ESE BLOG, YO LES ACLARO TODAS LAS DUDAS QUE TENGAN, SOLO PREGUNTENME PORFA(: BUENO LA NOVE QUE LES PONDRE ES OTRA FORMA DE AMAR... ESQUE ESTO LO HAGO SOLO PARA DARME TIEMPO PARA ESCRIBIR NOVELA MIA(:
LES DEJARE EL ARGUMENTO...
Argumento:
Para Zachary Efron, Zac, Pertenecer a la unidad de Operaciones Especiales de la armada no era sólo un trabajo, sino algo que definía su identidad. Una bala había puesto en peligro dicha existencia: ¿Cómo iba a entrar en combate si apenas podía caminar? No obstante, y a pesar de las advertencias del médico, Zac estaba empeñado en recuperarse por completo.
Sin embargo, la inesperada aparición de su sobrina de cinco años le dejaba poco tiempo para otra cosa que no fuera cuidar de la pequeña. De niños sabía aún menos que de cómo recuperarse y vivir con sus heridas, pero no estaba dispuesto a aceptar la ayuda de su vecina Vanessa Hudgens. Él no necesitaba la ayuda de nadie para cuidar de su sobrina, ni para aprender a asumir sus propias limitaciones. Ni, desde luego, para enamorarse.
GRACIAS POR ENTENDER(:
LES DEJARE EL ARGUMENTO...
Argumento:
Para Zachary Efron, Zac, Pertenecer a la unidad de Operaciones Especiales de la armada no era sólo un trabajo, sino algo que definía su identidad. Una bala había puesto en peligro dicha existencia: ¿Cómo iba a entrar en combate si apenas podía caminar? No obstante, y a pesar de las advertencias del médico, Zac estaba empeñado en recuperarse por completo.
Sin embargo, la inesperada aparición de su sobrina de cinco años le dejaba poco tiempo para otra cosa que no fuera cuidar de la pequeña. De niños sabía aún menos que de cómo recuperarse y vivir con sus heridas, pero no estaba dispuesto a aceptar la ayuda de su vecina Vanessa Hudgens. Él no necesitaba la ayuda de nadie para cuidar de su sobrina, ni para aprender a asumir sus propias limitaciones. Ni, desde luego, para enamorarse.
GRACIAS POR ENTENDER(:
martes, 5 de octubre de 2010
Capitulo 3
Según recordaba Nessa, su labio superior se humedeció de transpiración al oír aquello.
Zac Efron destruyó su vida. Destruyó todo lo que era querido por ella. Su amor por Simon, su felicidad, su tranquilidad... y, finalmente, su autoestima. Luchó contra él hasta el límite de su resistencia, y así llegó a conocer su propia fragilidad -. Estremeciéndose de desagrado, Nessa apartó aquellos recuerdos de su mente, pero la humillación y la vergüenza mantuvieron la misma intensidad de siempre.
Zac era un total depredador. Implacable e intolerante con todo el que se mostrara más débil que él. Nessa nunca olvidaría la forma en que la miró el día de su boda, sin molestarse en ocultar en lo más mínimo su odio. Él, el gran hombre, increíblemente rico y atractivo... había sido rechazado. Hasta él último momento,
Zac esperó que ella cambiara de opinión y se arrojara a sus pies.
- Nunca te perdonaré.
Esas fueron sus palabras de despedida. A esas alturas, Nessa estaba temblando y Simon prácticamente tuvo que sostenerla para que se mantuviera en pie. En las fotos de la boda parecía un fantasma. Simon le aseguró que la había perdonado, pero, mientras se prolongaba la farsa de su matrimonio, ella nunca llegó a perdonarse a sí misma.
Se llevó una mano a las palpitantes sienes, haciendo un esfuerzo por recuperar la concentración. ¿Cómo era posible que no hubiera notado antes que su padre tenía problemas? Lo cierto era que se había visto demasiado ocupada con los suyos.
Simon estuvo enfermo mucho tiempo antes de morir.
Su negocio se fue a pique con la recesión, dejando tan sólo deudas.
Su padre insistió para que volviera con él a casa, pero Nessa se negó. No quiso volver a ser la niña de papá que fue antes de casarse. En aquella época, ni siquiera tenía un trabajo. Durante su adolescencia sólo pensaba en casarse con Simon y en tener hijos. Apartó aquel recuerdo con impotente amargura.
Zac la había invitado al Deangate para regodearse con la caída de su padre. Era tan sádico que quería verla sufrir en persona. ¿Por qué darle esa satisfacción si sabía que no serviría para liberar a su padre del castigo? ¡No estaba dispuesta a asistir a su cita en el Deangate Hotel!
Nessa salió del coche. Hacía frío y llovía, como aquel otro día de funesto recuerdo. Irguió ligeramente los hombros y alzó la cabeza mientras cruzaba el aparcamiento. Lo hacía por su padre. Era su deber. ¿Qué más daba que se sintiera físicamente enferma ante la perspectiva de ver a Zac Efron de nuevo?
Si Zac disfrutaba viéndola sufrir, tal vez lograra persuadirlo para que suavizara el castigo que sin duda tenía planeado para su padre. Naturalmente, habría que devolver el dinero. Y la única forma de hacerlo sería vendiendo la casa de su padre. Y ya que las casas no se vendían de un día para otro, Zac tendría que estar dispuesto a concederle algo de tiempo. Todo lo que le pediría sería que no obligara a su padre a arrastrarse por los tribunales.
¿Acaso era eso mucho pedir?, se preguntó mientras se encaminaba hacia la recepción del Deangate Hotel. Sí, era mucho pedir de un hombre como Zac.
- ¿Puedo ayudarla? - preguntó una amable recepcionista, haciendo salir a Nessa de su ensimismamiento.
- Mi nombre es Turner. Tengo una cita con el señor Efron a las ocho.
- Un momento... señora Turner - dijo la joven recepcionista, fijándose en el anillo de casada de Vanessa.
Nessa se apartó unos pasos mientras la recepcionista llamaba por teléfono.
- Lo siento, señora Turner...
- ¿Hay algún problema?
- El señor Efron dice que no reconoce su nombre...
Nessa se ruborizó al comprender. Zac quería ignorar su nombre de casada. Respiró profundamente para contener su furia.
- Trate con Hudgens - dijo.
- ¿Hudgens? - repitió la recepcionista, perpleja.
- Sí, dígale que la señorita Hudgens está aquí.
Unos segundos después, la recepcionista le dijo que podía subir.
Nessa entró en el ascensor. Siempre había odiado aquel lugar. Allí era dónde su madre solía reunirse con sus amantes. Y allí era donde ella perdió su dignidad.
Seis años atrás, había hecho aquel mismo trayecto para enfrentarse a Zac Efron. Y, a pesar del tiempo transcurrido, aún no podía explicarse cómo estuvo a punto de acabar en su cama. Los dos juntos... como animales, ella medio desnuda, él tocándole todo el cuerpo, ella correspondiendo... Obsceno, pensó, sintiendo una punzada de repugnancia. Y de no ser por la ruidosa entrada de la doncella en la habitación contigua, aquel desagradable incidente podría haber llegado aún más lejos de lo que llegó.
Fue la inconsciencia de la juventud lo que la condujo a aquella situación. No se dio cuenta de con quién se enfrentaba. Zac Efron era un tiburón, extremadamente listo, insidiosamente calculador y terriblemente peligroso. El miedo podría haberla protegido, pero Vanessa no aprendió a temerlo hasta que fue demasiado tarde.
Pero ahora sí estaba asustada. Lo suficiente como para satisfacer al sádico más despiadado. Estaba asustada por su padre, un hombre a la antigua, que había crecido en un mundo muy distinto al de Zac Efron.
Se detuvo frente a la puerta de la suite y cerró brevemente los ojos. «Arrástrate.», se dijo. «Eso es lo que quiere». Y si Zac obtenía lo que quería, tal vez le resultaría menos atractivo destruir a su padre. Llamó a la puerta y ésta fue casi inmediatamente abierta por un joven.
- Adelante, señorita Hugens - dijo seriamente.
La suite no había cambiado. Los ojos de Nessa se posaron sobre el sofá color limón y no pudo evitar ruborizarse al recordar que todo empezó allí.
Oyó que Zac decía algo en griego. Hijo de padre italiano y madre griega, dominaba ambos idiomas con igual soltura. Nessa se puso rígida al verlo aparecer, a la vez que la puerta se cerraba tras ella.
No pudo apartar los ojos de él. La repelía. Cada centímetro de su sensual cuerpo la repelía, y había cierta atracción mortal en aquel exceso de repulsión, se dijo Nessa. Se movía como un tigre al acecho, tenía el rostro de un ángel caído y el poderoso magnetismo de un hombre intensamente viril.
Contempló los oscuros planos de sus impasibles rasgos, los claros ojos azules bajo las oscuras cejas y los altos pómulos, que conferían a su rostro un toque de fiera energía. Deslizó la mirada por el puente de su nariz griega y la ancha perfección de su boca antes de apartar rápidamente la vista.
- Seguro que es un amante voraz - murmuró con voz ronca la madre de Nessa cuando lo conoció -. Tiene una carga sexual increíble. Se puede sentir a varios metros de distancia... cualquier mujer con sangre en las venas lo sentiría. ¿Qué te sucede?
Nessa se estremeció al sentir que la sangre se le helaba en las venas. Zac era tan frío...
De pronto el silencio se hizo insoportable.
- ¿Por qué me has hecho venir?
- Quítate el abrigo.
Nessa se humedeció el labio inferior con la lengua.
- No voy a quedarme...
- Entonces vete - murmuró Zac con un despectivo gesto de la mano -. Me haces perder el tiempo.
Nessa apretó los dientes. Se quitó el abrigo y lo dejó en un sillón.
- Te he preguntado por qué me has hecho venir.
- Quería mirarte - Zac deslizó sus azules ojos por la esbelta figura de Nessa, deteniéndola brevemente en la sorprendente plenitud de sus senos para deslizarla a continuación con insultante frialdad hasta las femeninas curvas de sus caderas.
Nessa nunca se había sentido cómoda con su propio cuerpo. Sus voluptuosas curvas y su melena oscura atraían las miradas de los hombres como un imán. Ambas cosas atraían la clase equivocada de atracción masculina. Se parecía a su madre y odiaba saberlo. Si no hubiera poseído aquella figura y aquel pelo, no habría atraído la atención de Zac Efron seis años atrás.
SUBI AHORITA PORQUE NO SE SI PUEDA SUBIR MAÑANA:S EN FIN, ME IRE A DAR UNA CUCHA Y YA ME DORMIRE... UN BESO:*
Zac Efron destruyó su vida. Destruyó todo lo que era querido por ella. Su amor por Simon, su felicidad, su tranquilidad... y, finalmente, su autoestima. Luchó contra él hasta el límite de su resistencia, y así llegó a conocer su propia fragilidad -. Estremeciéndose de desagrado, Nessa apartó aquellos recuerdos de su mente, pero la humillación y la vergüenza mantuvieron la misma intensidad de siempre.
Zac era un total depredador. Implacable e intolerante con todo el que se mostrara más débil que él. Nessa nunca olvidaría la forma en que la miró el día de su boda, sin molestarse en ocultar en lo más mínimo su odio. Él, el gran hombre, increíblemente rico y atractivo... había sido rechazado. Hasta él último momento,
Zac esperó que ella cambiara de opinión y se arrojara a sus pies.
- Nunca te perdonaré.
Esas fueron sus palabras de despedida. A esas alturas, Nessa estaba temblando y Simon prácticamente tuvo que sostenerla para que se mantuviera en pie. En las fotos de la boda parecía un fantasma. Simon le aseguró que la había perdonado, pero, mientras se prolongaba la farsa de su matrimonio, ella nunca llegó a perdonarse a sí misma.
Se llevó una mano a las palpitantes sienes, haciendo un esfuerzo por recuperar la concentración. ¿Cómo era posible que no hubiera notado antes que su padre tenía problemas? Lo cierto era que se había visto demasiado ocupada con los suyos.
Simon estuvo enfermo mucho tiempo antes de morir.
Su negocio se fue a pique con la recesión, dejando tan sólo deudas.
Su padre insistió para que volviera con él a casa, pero Nessa se negó. No quiso volver a ser la niña de papá que fue antes de casarse. En aquella época, ni siquiera tenía un trabajo. Durante su adolescencia sólo pensaba en casarse con Simon y en tener hijos. Apartó aquel recuerdo con impotente amargura.
Zac la había invitado al Deangate para regodearse con la caída de su padre. Era tan sádico que quería verla sufrir en persona. ¿Por qué darle esa satisfacción si sabía que no serviría para liberar a su padre del castigo? ¡No estaba dispuesta a asistir a su cita en el Deangate Hotel!
Nessa salió del coche. Hacía frío y llovía, como aquel otro día de funesto recuerdo. Irguió ligeramente los hombros y alzó la cabeza mientras cruzaba el aparcamiento. Lo hacía por su padre. Era su deber. ¿Qué más daba que se sintiera físicamente enferma ante la perspectiva de ver a Zac Efron de nuevo?
Si Zac disfrutaba viéndola sufrir, tal vez lograra persuadirlo para que suavizara el castigo que sin duda tenía planeado para su padre. Naturalmente, habría que devolver el dinero. Y la única forma de hacerlo sería vendiendo la casa de su padre. Y ya que las casas no se vendían de un día para otro, Zac tendría que estar dispuesto a concederle algo de tiempo. Todo lo que le pediría sería que no obligara a su padre a arrastrarse por los tribunales.
¿Acaso era eso mucho pedir?, se preguntó mientras se encaminaba hacia la recepción del Deangate Hotel. Sí, era mucho pedir de un hombre como Zac.
- ¿Puedo ayudarla? - preguntó una amable recepcionista, haciendo salir a Nessa de su ensimismamiento.
- Mi nombre es Turner. Tengo una cita con el señor Efron a las ocho.
- Un momento... señora Turner - dijo la joven recepcionista, fijándose en el anillo de casada de Vanessa.
Nessa se apartó unos pasos mientras la recepcionista llamaba por teléfono.
- Lo siento, señora Turner...
- ¿Hay algún problema?
- El señor Efron dice que no reconoce su nombre...
Nessa se ruborizó al comprender. Zac quería ignorar su nombre de casada. Respiró profundamente para contener su furia.
- Trate con Hudgens - dijo.
- ¿Hudgens? - repitió la recepcionista, perpleja.
- Sí, dígale que la señorita Hudgens está aquí.
Unos segundos después, la recepcionista le dijo que podía subir.
Nessa entró en el ascensor. Siempre había odiado aquel lugar. Allí era dónde su madre solía reunirse con sus amantes. Y allí era donde ella perdió su dignidad.
Seis años atrás, había hecho aquel mismo trayecto para enfrentarse a Zac Efron. Y, a pesar del tiempo transcurrido, aún no podía explicarse cómo estuvo a punto de acabar en su cama. Los dos juntos... como animales, ella medio desnuda, él tocándole todo el cuerpo, ella correspondiendo... Obsceno, pensó, sintiendo una punzada de repugnancia. Y de no ser por la ruidosa entrada de la doncella en la habitación contigua, aquel desagradable incidente podría haber llegado aún más lejos de lo que llegó.
Fue la inconsciencia de la juventud lo que la condujo a aquella situación. No se dio cuenta de con quién se enfrentaba. Zac Efron era un tiburón, extremadamente listo, insidiosamente calculador y terriblemente peligroso. El miedo podría haberla protegido, pero Vanessa no aprendió a temerlo hasta que fue demasiado tarde.
Pero ahora sí estaba asustada. Lo suficiente como para satisfacer al sádico más despiadado. Estaba asustada por su padre, un hombre a la antigua, que había crecido en un mundo muy distinto al de Zac Efron.
Se detuvo frente a la puerta de la suite y cerró brevemente los ojos. «Arrástrate.», se dijo. «Eso es lo que quiere». Y si Zac obtenía lo que quería, tal vez le resultaría menos atractivo destruir a su padre. Llamó a la puerta y ésta fue casi inmediatamente abierta por un joven.
- Adelante, señorita Hugens - dijo seriamente.
La suite no había cambiado. Los ojos de Nessa se posaron sobre el sofá color limón y no pudo evitar ruborizarse al recordar que todo empezó allí.
Oyó que Zac decía algo en griego. Hijo de padre italiano y madre griega, dominaba ambos idiomas con igual soltura. Nessa se puso rígida al verlo aparecer, a la vez que la puerta se cerraba tras ella.
No pudo apartar los ojos de él. La repelía. Cada centímetro de su sensual cuerpo la repelía, y había cierta atracción mortal en aquel exceso de repulsión, se dijo Nessa. Se movía como un tigre al acecho, tenía el rostro de un ángel caído y el poderoso magnetismo de un hombre intensamente viril.
Contempló los oscuros planos de sus impasibles rasgos, los claros ojos azules bajo las oscuras cejas y los altos pómulos, que conferían a su rostro un toque de fiera energía. Deslizó la mirada por el puente de su nariz griega y la ancha perfección de su boca antes de apartar rápidamente la vista.
- Seguro que es un amante voraz - murmuró con voz ronca la madre de Nessa cuando lo conoció -. Tiene una carga sexual increíble. Se puede sentir a varios metros de distancia... cualquier mujer con sangre en las venas lo sentiría. ¿Qué te sucede?
Nessa se estremeció al sentir que la sangre se le helaba en las venas. Zac era tan frío...
De pronto el silencio se hizo insoportable.
- ¿Por qué me has hecho venir?
- Quítate el abrigo.
Nessa se humedeció el labio inferior con la lengua.
- No voy a quedarme...
- Entonces vete - murmuró Zac con un despectivo gesto de la mano -. Me haces perder el tiempo.
Nessa apretó los dientes. Se quitó el abrigo y lo dejó en un sillón.
- Te he preguntado por qué me has hecho venir.
- Quería mirarte - Zac deslizó sus azules ojos por la esbelta figura de Nessa, deteniéndola brevemente en la sorprendente plenitud de sus senos para deslizarla a continuación con insultante frialdad hasta las femeninas curvas de sus caderas.
Nessa nunca se había sentido cómoda con su propio cuerpo. Sus voluptuosas curvas y su melena oscura atraían las miradas de los hombres como un imán. Ambas cosas atraían la clase equivocada de atracción masculina. Se parecía a su madre y odiaba saberlo. Si no hubiera poseído aquella figura y aquel pelo, no habría atraído la atención de Zac Efron seis años atrás.
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Capitulo 2
- ¿A dónde vas? - preguntó Vanessa, con sus ojos violetas casi rojos por la angustia.
- A casa... Necesito estar a solas, Ness... Compréndelo por favor.
Desesperada, Nessa corrió tras él por el pasillo
- ¡Podemos enfrentarnos mejor a esto juntos, papá! Quédate, por favor - rogó.
- Lo siento. Ahora no, Ness – dijo Gerald sintiéndose incapaz de mirar a su hija a la cara.
¿Enfrentarse a la vergüenza, a la publicidad, al juicio? ¿A la pérdida de su casa, de su trabajo, de su autoestima? Vanessa no sabía si su padre sería capaz de soportar todo aquello. Iba a ser muy duro, sobre todo para un hombre de su edad. ¿Pero qué alternativa había? La única manera de sobrevivir era enfrentándose a los problemas. Si Vanessa había aprendido algo en aquellos años, era esa verdad.
Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos no logró mantener la mente centrada en los problemas de su padre. El pasado volvía a perseguirla, el pasado que había enterrado hacía seis años...
El día que conoció a Zac Efron, estaba en Londres haciendo algunas compras para su ajuar en compañía de una amiga. Faltaban menos de dos meses para su boda con Simon. No llevaba el anillo de compromiso. Una de las piedras se había soltado y lo había llevado al joyero para que lo reparara.
Estaba hablando con Leah en un cruce de calles, esperando a que la luz del semáforo cambiara para poder cruzar. Alguien la empujó involuntariamente, haciéndole caer al asfalto, prácticamente bajo las ruedas de la limusina de Zac, conducida por su chófer.
Vanessa no recordaba la caída, pues perdió el conocimiento. Lo que sí recordaba era su confusa recuperación de la conciencia antes de que llegara la ambulancia y la visión de unos extraordinarios ojos azules ante los suyos. De pequeña había tenido un libro de cuentos sobre un tigre con los ojos coma estanques de un brillante azul. Naturalmente, se quedó mirándolos, asombrada. Nunca había visto unos ojos de aquella tonalidad.
- No la muevan... no hables... - Zac no paraba de dar instrucciones en todas direcciones.
- Estoy bien...
- No hables.
- Quiero levantarme... – Zac trató de moverse.
Una mano, bronceada y enorme se lo impidió.
- Quiero levantarme... - insistió ella, mirando con creciente vergüenza el grupo de curiosos que se estaba formando a su alrededor.
- No vas a levantarte. Podrías haberte dañado la columna vertebral.
- Mi columna está perfectamente - dijo Vanessa, empezando a enfadarse -. Yo estoy perfectamente...
- Eso lo decidirá el médico - Zac siguió mirándola con increíble intensidad. Entonces alargó una mano y le acarició con un dedo la mandíbula -. Nunca me perdonaré haber hecho daño a algo tan increíblemente hermoso...
Leah resultó totalmente inútil en aquella circunstancia. Se puso histérica y alguien tuvo que calmarla. Nessa se encontró de pronto en una ambulancia privada, acompañada por Zac en lugar de por su amiga.
- Ella nos seguirá en mi coche - aseguró Zac, interponiéndose en el camino de los enfermeros a la vez que les decía lo que debían hacer.
Nessa no se encontraba con fuerzas para quitarse a Zac de encima. La cabeza le dolía mucho y sentía náuseas. Cerró lo ojos para escapar de él, diciéndose que aquel dominante desconocido sólo tratada de calmar su conciencia por un accidente del que en realidad no había sido responsable.
Vanessa fue conducida a una clínica, en la que fue sometida a un minucioso examen antes de que la llevaran a una elegante habitación individual.
- Quiero irme a casa - protestó, dirigiéndose a la enfermera -. Esto no es necesario.
Zac entró en aquel momento, desprendiendo ondas de vibrante energía física que parecieron cargar de electricidad la atmósfera de la habitación.
- ¿Dónde está Leah? - Susurró Vanessa, asombrado al comprobar que el desconocido seguía por allí.
- He hecho que la lleven a casa. Estaba demasiado alterada como para servir de ayuda. Tengo entendido que tus padres están de viaje y no volverán hasta mañana. ¿Quieres que me ponga en contacto con ellos?
- Ni siquiera sé tu nombre - dijo Vanessa entre dientes.
- Zac Efron - murmuró él con una brillante sonrisa -. ¿Cómo te sientes?
- Sólo quiero irme a casa... ¿Nunca escuchas lo que te dice la gente?
- No si no quiero oírlo - contestó Zac.
- No era necesario todo esto - Nessa señaló a su alrededor, avergonzada -. Me he caído. - Tu coche no me ha tocado. No pienso demandarte ni nada parecido. No tenías por qué...
- He querido hacerlo - la interrumpió él deslizando una descarada mirada por la esbelta figura de Vanessa, que resaltaba bajo las sábanas -. No puedo apartar la mirada de ti - añadió, elevando la vista hacia su ruborizado rostro -. Supongo que te habrás dado cuenta de ello. Pero también supongo que estarás muy acostumbrada a que los hombres te presten toda su atención.
- No desde que me he comprometido - murmuró Nessa con rigidez, enfadada por la forma de mirarla de aquel hombre. Parecía que estuviera contemplando un escaparate.
Él entrecerró los ojos al oírla.
- ¿Perteneces a otro hombre?
- ¡No pertenezco a ningún hombre! - espetó Nessa.
- A mí sí me pertenecerás - murmuró él con convicción.
Nessa pensó seriamente que estaba loco. Nadie le había hablado nunca así. Un verano estuvo en Grecia y notó que el feminismo aún no parecía haber hecho demasiada mella en aquel país, pero la primitiva actitud de aquel hombre de aspecto tan sofisticado y aparentemente cultivado le dejó asombrada.
- Voy a casarme dentro de seis semanas le informó escuetamente, observando de forma involuntaria sus varoniles rasgos y apartando con rapidez la mirada al darse cuenta de que lo estaba haciendo.
- Ya veremos... – dijo Zac, y a continuación rió indulgentemente, como si se dirigiera a una cría que hubiera dicho algo inocentemente divertido.
Vanessa volvió al presente y notó que estaba temblando. Su primer pensamiento fue para su padre. Dijera lo que dijera, no debía quedarse solo. Tomó su abrigo, salió del pequeño chalet que tenía alquilado y subió a su coche.
- Pero su padre está en el trabajo, señora Turner. ¿Qué iba a estar haciendo en casa a esta hora del día? - Preguntó la asistenta de su padre, frunciendo el ceño.
Nessa tragó con esfuerzo, tratando de mantener una expresión despreocupada.
- Pensaba que hoy terminaba antes.
- A mí no me ha dicho nada, desde luego.
- Entonces lo veré más tarde - dijo Nessa, y volvió a su coche.
¿Dónde estaría su padre? - se preguntó, angustiada. ¡No debería haber permitido que se fuera en el estado en que se encontraba!. Pero su padre había insistido en que necesitaba estar a solas. Ella no era su guardián. ¿No debía respetar sus deseos? Pero aquellos pensamientos no bastaron para calmar su inquietud.
Reacia, volvió a su casa. Zac... no podía apartar a Zac de su mente. ¿Acudiría al hotel para arrastrarse ante él y rogarle, como una vez hizo su padre con su madre? El estómago le dio un vuelco al pensarlo. ¿Qué sentido tendría hacerlo? Conocía a Zac Efron. No habría forma de que perdonara a su padre. Zac quería venganza. No podía tocar a Vanessa, pero sabía lo unida que se sentía ésta a su padre. Ni la mente mas oscuramente maquiavélica podría haber maquinado una venganza mas dulce.
- Algún día vendrás a rogarme de rodillas que te acepte... y te destrozaré.
SE QUE ALGUNAS NO ENTENDIERON EL CAPITULO DE AYER(: PERO BUENO CONFORME PASEN LOS CAPITULOS ENTENDERAN... AHORA ME VOY(:, NOS VEMOS MAÑANA
- A casa... Necesito estar a solas, Ness... Compréndelo por favor.
Desesperada, Nessa corrió tras él por el pasillo
- ¡Podemos enfrentarnos mejor a esto juntos, papá! Quédate, por favor - rogó.
- Lo siento. Ahora no, Ness – dijo Gerald sintiéndose incapaz de mirar a su hija a la cara.
¿Enfrentarse a la vergüenza, a la publicidad, al juicio? ¿A la pérdida de su casa, de su trabajo, de su autoestima? Vanessa no sabía si su padre sería capaz de soportar todo aquello. Iba a ser muy duro, sobre todo para un hombre de su edad. ¿Pero qué alternativa había? La única manera de sobrevivir era enfrentándose a los problemas. Si Vanessa había aprendido algo en aquellos años, era esa verdad.
Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos no logró mantener la mente centrada en los problemas de su padre. El pasado volvía a perseguirla, el pasado que había enterrado hacía seis años...
El día que conoció a Zac Efron, estaba en Londres haciendo algunas compras para su ajuar en compañía de una amiga. Faltaban menos de dos meses para su boda con Simon. No llevaba el anillo de compromiso. Una de las piedras se había soltado y lo había llevado al joyero para que lo reparara.
Estaba hablando con Leah en un cruce de calles, esperando a que la luz del semáforo cambiara para poder cruzar. Alguien la empujó involuntariamente, haciéndole caer al asfalto, prácticamente bajo las ruedas de la limusina de Zac, conducida por su chófer.
Vanessa no recordaba la caída, pues perdió el conocimiento. Lo que sí recordaba era su confusa recuperación de la conciencia antes de que llegara la ambulancia y la visión de unos extraordinarios ojos azules ante los suyos. De pequeña había tenido un libro de cuentos sobre un tigre con los ojos coma estanques de un brillante azul. Naturalmente, se quedó mirándolos, asombrada. Nunca había visto unos ojos de aquella tonalidad.
- No la muevan... no hables... - Zac no paraba de dar instrucciones en todas direcciones.
- Estoy bien...
- No hables.
- Quiero levantarme... – Zac trató de moverse.
Una mano, bronceada y enorme se lo impidió.
- Quiero levantarme... - insistió ella, mirando con creciente vergüenza el grupo de curiosos que se estaba formando a su alrededor.
- No vas a levantarte. Podrías haberte dañado la columna vertebral.
- Mi columna está perfectamente - dijo Vanessa, empezando a enfadarse -. Yo estoy perfectamente...
- Eso lo decidirá el médico - Zac siguió mirándola con increíble intensidad. Entonces alargó una mano y le acarició con un dedo la mandíbula -. Nunca me perdonaré haber hecho daño a algo tan increíblemente hermoso...
Leah resultó totalmente inútil en aquella circunstancia. Se puso histérica y alguien tuvo que calmarla. Nessa se encontró de pronto en una ambulancia privada, acompañada por Zac en lugar de por su amiga.
- Ella nos seguirá en mi coche - aseguró Zac, interponiéndose en el camino de los enfermeros a la vez que les decía lo que debían hacer.
Nessa no se encontraba con fuerzas para quitarse a Zac de encima. La cabeza le dolía mucho y sentía náuseas. Cerró lo ojos para escapar de él, diciéndose que aquel dominante desconocido sólo tratada de calmar su conciencia por un accidente del que en realidad no había sido responsable.
Vanessa fue conducida a una clínica, en la que fue sometida a un minucioso examen antes de que la llevaran a una elegante habitación individual.
- Quiero irme a casa - protestó, dirigiéndose a la enfermera -. Esto no es necesario.
Zac entró en aquel momento, desprendiendo ondas de vibrante energía física que parecieron cargar de electricidad la atmósfera de la habitación.
- ¿Dónde está Leah? - Susurró Vanessa, asombrado al comprobar que el desconocido seguía por allí.
- He hecho que la lleven a casa. Estaba demasiado alterada como para servir de ayuda. Tengo entendido que tus padres están de viaje y no volverán hasta mañana. ¿Quieres que me ponga en contacto con ellos?
- Ni siquiera sé tu nombre - dijo Vanessa entre dientes.
- Zac Efron - murmuró él con una brillante sonrisa -. ¿Cómo te sientes?
- Sólo quiero irme a casa... ¿Nunca escuchas lo que te dice la gente?
- No si no quiero oírlo - contestó Zac.
- No era necesario todo esto - Nessa señaló a su alrededor, avergonzada -. Me he caído. - Tu coche no me ha tocado. No pienso demandarte ni nada parecido. No tenías por qué...
- He querido hacerlo - la interrumpió él deslizando una descarada mirada por la esbelta figura de Vanessa, que resaltaba bajo las sábanas -. No puedo apartar la mirada de ti - añadió, elevando la vista hacia su ruborizado rostro -. Supongo que te habrás dado cuenta de ello. Pero también supongo que estarás muy acostumbrada a que los hombres te presten toda su atención.
- No desde que me he comprometido - murmuró Nessa con rigidez, enfadada por la forma de mirarla de aquel hombre. Parecía que estuviera contemplando un escaparate.
Él entrecerró los ojos al oírla.
- ¿Perteneces a otro hombre?
- ¡No pertenezco a ningún hombre! - espetó Nessa.
- A mí sí me pertenecerás - murmuró él con convicción.
Nessa pensó seriamente que estaba loco. Nadie le había hablado nunca así. Un verano estuvo en Grecia y notó que el feminismo aún no parecía haber hecho demasiada mella en aquel país, pero la primitiva actitud de aquel hombre de aspecto tan sofisticado y aparentemente cultivado le dejó asombrada.
- Voy a casarme dentro de seis semanas le informó escuetamente, observando de forma involuntaria sus varoniles rasgos y apartando con rapidez la mirada al darse cuenta de que lo estaba haciendo.
- Ya veremos... – dijo Zac, y a continuación rió indulgentemente, como si se dirigiera a una cría que hubiera dicho algo inocentemente divertido.
Vanessa volvió al presente y notó que estaba temblando. Su primer pensamiento fue para su padre. Dijera lo que dijera, no debía quedarse solo. Tomó su abrigo, salió del pequeño chalet que tenía alquilado y subió a su coche.
- Pero su padre está en el trabajo, señora Turner. ¿Qué iba a estar haciendo en casa a esta hora del día? - Preguntó la asistenta de su padre, frunciendo el ceño.
Nessa tragó con esfuerzo, tratando de mantener una expresión despreocupada.
- Pensaba que hoy terminaba antes.
- A mí no me ha dicho nada, desde luego.
- Entonces lo veré más tarde - dijo Nessa, y volvió a su coche.
¿Dónde estaría su padre? - se preguntó, angustiada. ¡No debería haber permitido que se fuera en el estado en que se encontraba!. Pero su padre había insistido en que necesitaba estar a solas. Ella no era su guardián. ¿No debía respetar sus deseos? Pero aquellos pensamientos no bastaron para calmar su inquietud.
Reacia, volvió a su casa. Zac... no podía apartar a Zac de su mente. ¿Acudiría al hotel para arrastrarse ante él y rogarle, como una vez hizo su padre con su madre? El estómago le dio un vuelco al pensarlo. ¿Qué sentido tendría hacerlo? Conocía a Zac Efron. No habría forma de que perdonara a su padre. Zac quería venganza. No podía tocar a Vanessa, pero sabía lo unida que se sentía ésta a su padre. Ni la mente mas oscuramente maquiavélica podría haber maquinado una venganza mas dulce.
- Algún día vendrás a rogarme de rodillas que te acepte... y te destrozaré.
SE QUE ALGUNAS NO ENTENDIERON EL CAPITULO DE AYER(: PERO BUENO CONFORME PASEN LOS CAPITULOS ENTENDERAN... AHORA ME VOY(:, NOS VEMOS MAÑANA
lunes, 4 de octubre de 2010
Capítulo 1
Bueno chicas, aqui termino la votacion, la novela que gano fue Al Calor De La Pasion no les digo nada mas, espero y la sifruten, prometo subirles todos los dias, y si no, ANDY RECUERDAME QUE TENGO NOVELA(:
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Al Calor De La Pasion.
Pelo castaño-rubio contra una almohada de lino, piel bronceada contra una sábana intensamente blanca, ojos azulados mirando con descarado gesto de crueldad y triunfo los suyos... Vanessa se estremeció con violencia, rechazando la imagen que había surgido en su mente.
El insistente sonido del teléfono la sacó con brusquedad del torbellino de sus pensamientos. Contestó a la llamada de mala gana, tras cerrar a sus espaldas las puertas del cuarto de estar para no molestar a su padre.
- ¿Vanessa...?
Nessa se quedó petrificada, y su bello rostro, enmarcado por una sedosa melena oscura palideció intensamente.
Aquella voz... aquella inolvidable voz, profunda, oscura y densa como la miel. Decía su nombre como nadie lo había dicho nunca. Hacía seis años que no la oía, pero la reconoció al instante, sin poder sustraerse al horror que le produjo. Notó que la garganta se le cerraba.
- Esperó no haberte sobresaltado – susurró Zachary Efron, mintiendo entre dientes.
Nessa apretó los suyos. Deseó introducir la mano por el cable del teléfono y abofetearlo. Y el sentir aquello de nuevo, aquel arrebato de violento odio que sólo él lograba despertar en ella, le produjo un intenso pavor. Notó que la boca se le secaba.
- ¿Qué quieres?
- Estoy de un humor muy generoso - dijo él con lentitud -. Me siento predispuesto a ofrecerte un encuentro...
Los dedos de Nessa se cerraron con fuerza en torno al auricular.
- ¿Un encuentro? ¿Por qué?
- ¿Es posible que aún no hayas visto a tu padre? – murmuró él.
- Lo he visto - susurró Vanessa sin molestarse en añadir que Gerald Hudgens seguía en la habitación contigua.
- La malversación de fondos es un delito grave.
- Tenía deudas de juego – protestó Nessa en voz baja -. Se asustó... ¡no pretendía robarle el dinero a la empresa! Sólo lo estaba tomando prestado...
- Hablando eufemístamente, claro - dijo Zac en tono burlón.
- La empresa Hudgens era suya - le recordó Vanessa con impotente amargura.
Pero ya no lo es - replicó Zac con suavidad -. Ahora es mía.
Nessa sintió una intensa, punzada de culpabilidad. Si no hubiera sido por ella, Zachary Efron nunca habría entrado en sus vidas. Si no hubiera sido por ella, la empresa seguiría perteneciendo a su padre. Si no hubiera sido por ella, Gerald Hudgens no se habría visto enfrentado a una acusación por malversación de fondos.
- Papá tenía intención de devolver el dinero - dijo, sintiendo que el estómago se le encogía -. ¡Si no hubiera sido por la auditoría, nunca lo habrías averiguado! - añadió, desesperada.
- ¿Por qué crees que hago ocasionales auditorías por sorpresa en mis empresas? – preguntó Zac -. Los empleados como tu padre se vuelven codiciosos y a veces son atrapados con las manos en la masa.
Nessa tembló, oyendo el ensordecedor latido de su corazón en sus oídos.
- ¡Mi padre no es codicioso! Sólo estaba desesperado...
- Estoy deseando verte esta noche. Me alojo en el Deangate Hall. Estoy seguro de que no necesito decirte cuál será mi suite. A las ocho - especificó Zac -. Esperaré un minuto pasada la hora. Si no apareces, no habrá una segunda oportunidad, cara.
- ¡Será mejor que no pierdas el tiempo! - exclamó Vanessa, enfurecida por el sadismo de Zac -. ¡Prefiero verte en el infierno antes que volver a poner un pie en ese hotel!
- Debió ser todo un espectáculo verte salir de allí con un sólo zapato esa tarde - murmuró Zac provocativamente -. La doncella encontró el otro bajo la cama. El zapato de Cenicienta...
- ¿Cómo te atreves? - murmuró Nessa entre dientes.
- Y, por lo que recuerdo, estuviste a punto de dejarte algo mucho más íntimo detrás - dijo Zac reflexivamente.
Ruborizada hasta la raíz del pelo, Vanessa colgó el teléfono antes de que Zac pudiera recordarle más detalles sobre la inexcusable debilidad que mostró aquel día.
Lo último que quería en aquellos momentos era pensar en lo que sucedió en el Deangate seis años atrás.
«¡No!», quiso gritar, «¡No!». Pero no lo hizo, por supuesto. Vanessa no gritaba. Vanessa odiaba perder el control. Había crecido sollozando silenciosamente tras puertas cerradas, tapándose los oídos para no oír los gritos de su madre a su pobre padre. Y juró que ella sería diferente y que controlaría su temperamento por todos los medios. Sería fuerte sin pasión. Y si permanecía alejada de la pasión, nada lograría dañarla.
Lo peor de todo era tener que mirar atrás, ver cómo había roto sus propias reglas y cómo había sufrido a causa de ello. Tratando de huir de aquellos atemorizantes ecos del pasado, Vanessa volvió junto a su padre.
Con el rostro grisáceo, por la tensión, Gerald Hudgens alzó la mirada y siguió hablando nada más verla, tan centrado en sus propios problemas que ni siquiera quiso saber quién había llamado.
- Tuve que entregar todas mis llaves... incluso las de mi coche. No me permitieron volver a entrar en mi despacho - dijo con evidente dolor -. Luego fui escoltado al exterior del edificio por dos vigilantes de seguridad... ¡Fue una pesadilla!
Esas debieron ser las instrucciones de Zac. ¿Acaso no merecía su padre un poco más de consideración?, se preguntó Vanessa. ¿No podía haberle permitido mantener al menos un poco de dignidad?
- Papá... – a punto de llorar, Vanessa se acercó a su padre para consolarlo, pero él se apartó.
- Yo habría tratado de la misma manera a un ladrón - dijo secamente.
- ¡Pero tú no eres un ladrón!
Gerald Hudgens no respondió.
Vanessa no pudo evitar sentirse responsable. Debió haberse dado cuenta de que su padre tenía problemas. Una semana después de que Zac comprara la empresa Hudgens, la madre de Vanessa abandonó a su marido y solicitó el divorcio. La fuerte cantidad de la venta fue una tentación irresistible para Carole Hudgens. A pesar de que su matrimonio nunca fue bien, Gerald Hudgens se quedó desolado. Adoraba a su mujer. Siempre le fue leal y le perdonó todas sus aventuras. Habría hecho cualquier cosa por conservarla a su lado. La única persona que se sintió aliviada con la marcha de Carole fue su hija.
Pero Nessa debió haberse dado cuenta del inmenso vacío que se abrió en la vida de su padre. Vio cómo se convertía en un adicto al trabajo, porque eso fue todo lo que le quedó. Y mientras la empresa florecía., obteniendo todos los beneficios que tan feliz habrían hecho a su madre, Vanessa no pensó en la amargura que debía sentir su padre al pensar que la empresa ya no era suya y que todos aquellos beneficios llegaban demasiado tarde para salvar su matrimonio.
Pero apostar...
- Era un lugar al que ir, algo que hacer – explicó Gerald mientras su hija lo miraba, estupefacta. Entonces empecé a perder y pensé que no podía seguir perdiendo siempre...
El silencio se prolongó unos momentos y entonces Gerald Hudgens se levantó pesadamente del asiento y se encaminó con paso cansino hacia la puerta.
ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO(:
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Al Calor De La Pasion.
Pelo castaño-rubio contra una almohada de lino, piel bronceada contra una sábana intensamente blanca, ojos azulados mirando con descarado gesto de crueldad y triunfo los suyos... Vanessa se estremeció con violencia, rechazando la imagen que había surgido en su mente.
El insistente sonido del teléfono la sacó con brusquedad del torbellino de sus pensamientos. Contestó a la llamada de mala gana, tras cerrar a sus espaldas las puertas del cuarto de estar para no molestar a su padre.
- ¿Vanessa...?
Nessa se quedó petrificada, y su bello rostro, enmarcado por una sedosa melena oscura palideció intensamente.
Aquella voz... aquella inolvidable voz, profunda, oscura y densa como la miel. Decía su nombre como nadie lo había dicho nunca. Hacía seis años que no la oía, pero la reconoció al instante, sin poder sustraerse al horror que le produjo. Notó que la garganta se le cerraba.
- Esperó no haberte sobresaltado – susurró Zachary Efron, mintiendo entre dientes.
Nessa apretó los suyos. Deseó introducir la mano por el cable del teléfono y abofetearlo. Y el sentir aquello de nuevo, aquel arrebato de violento odio que sólo él lograba despertar en ella, le produjo un intenso pavor. Notó que la boca se le secaba.
- ¿Qué quieres?
- Estoy de un humor muy generoso - dijo él con lentitud -. Me siento predispuesto a ofrecerte un encuentro...
Los dedos de Nessa se cerraron con fuerza en torno al auricular.
- ¿Un encuentro? ¿Por qué?
- ¿Es posible que aún no hayas visto a tu padre? – murmuró él.
- Lo he visto - susurró Vanessa sin molestarse en añadir que Gerald Hudgens seguía en la habitación contigua.
- La malversación de fondos es un delito grave.
- Tenía deudas de juego – protestó Nessa en voz baja -. Se asustó... ¡no pretendía robarle el dinero a la empresa! Sólo lo estaba tomando prestado...
- Hablando eufemístamente, claro - dijo Zac en tono burlón.
- La empresa Hudgens era suya - le recordó Vanessa con impotente amargura.
Pero ya no lo es - replicó Zac con suavidad -. Ahora es mía.
Nessa sintió una intensa, punzada de culpabilidad. Si no hubiera sido por ella, Zachary Efron nunca habría entrado en sus vidas. Si no hubiera sido por ella, la empresa seguiría perteneciendo a su padre. Si no hubiera sido por ella, Gerald Hudgens no se habría visto enfrentado a una acusación por malversación de fondos.
- Papá tenía intención de devolver el dinero - dijo, sintiendo que el estómago se le encogía -. ¡Si no hubiera sido por la auditoría, nunca lo habrías averiguado! - añadió, desesperada.
- ¿Por qué crees que hago ocasionales auditorías por sorpresa en mis empresas? – preguntó Zac -. Los empleados como tu padre se vuelven codiciosos y a veces son atrapados con las manos en la masa.
Nessa tembló, oyendo el ensordecedor latido de su corazón en sus oídos.
- ¡Mi padre no es codicioso! Sólo estaba desesperado...
- Estoy deseando verte esta noche. Me alojo en el Deangate Hall. Estoy seguro de que no necesito decirte cuál será mi suite. A las ocho - especificó Zac -. Esperaré un minuto pasada la hora. Si no apareces, no habrá una segunda oportunidad, cara.
- ¡Será mejor que no pierdas el tiempo! - exclamó Vanessa, enfurecida por el sadismo de Zac -. ¡Prefiero verte en el infierno antes que volver a poner un pie en ese hotel!
- Debió ser todo un espectáculo verte salir de allí con un sólo zapato esa tarde - murmuró Zac provocativamente -. La doncella encontró el otro bajo la cama. El zapato de Cenicienta...
- ¿Cómo te atreves? - murmuró Nessa entre dientes.
- Y, por lo que recuerdo, estuviste a punto de dejarte algo mucho más íntimo detrás - dijo Zac reflexivamente.
Ruborizada hasta la raíz del pelo, Vanessa colgó el teléfono antes de que Zac pudiera recordarle más detalles sobre la inexcusable debilidad que mostró aquel día.
Lo último que quería en aquellos momentos era pensar en lo que sucedió en el Deangate seis años atrás.
«¡No!», quiso gritar, «¡No!». Pero no lo hizo, por supuesto. Vanessa no gritaba. Vanessa odiaba perder el control. Había crecido sollozando silenciosamente tras puertas cerradas, tapándose los oídos para no oír los gritos de su madre a su pobre padre. Y juró que ella sería diferente y que controlaría su temperamento por todos los medios. Sería fuerte sin pasión. Y si permanecía alejada de la pasión, nada lograría dañarla.
Lo peor de todo era tener que mirar atrás, ver cómo había roto sus propias reglas y cómo había sufrido a causa de ello. Tratando de huir de aquellos atemorizantes ecos del pasado, Vanessa volvió junto a su padre.
Con el rostro grisáceo, por la tensión, Gerald Hudgens alzó la mirada y siguió hablando nada más verla, tan centrado en sus propios problemas que ni siquiera quiso saber quién había llamado.
- Tuve que entregar todas mis llaves... incluso las de mi coche. No me permitieron volver a entrar en mi despacho - dijo con evidente dolor -. Luego fui escoltado al exterior del edificio por dos vigilantes de seguridad... ¡Fue una pesadilla!
Esas debieron ser las instrucciones de Zac. ¿Acaso no merecía su padre un poco más de consideración?, se preguntó Vanessa. ¿No podía haberle permitido mantener al menos un poco de dignidad?
- Papá... – a punto de llorar, Vanessa se acercó a su padre para consolarlo, pero él se apartó.
- Yo habría tratado de la misma manera a un ladrón - dijo secamente.
- ¡Pero tú no eres un ladrón!
Gerald Hudgens no respondió.
Vanessa no pudo evitar sentirse responsable. Debió haberse dado cuenta de que su padre tenía problemas. Una semana después de que Zac comprara la empresa Hudgens, la madre de Vanessa abandonó a su marido y solicitó el divorcio. La fuerte cantidad de la venta fue una tentación irresistible para Carole Hudgens. A pesar de que su matrimonio nunca fue bien, Gerald Hudgens se quedó desolado. Adoraba a su mujer. Siempre le fue leal y le perdonó todas sus aventuras. Habría hecho cualquier cosa por conservarla a su lado. La única persona que se sintió aliviada con la marcha de Carole fue su hija.
Pero Nessa debió haberse dado cuenta del inmenso vacío que se abrió en la vida de su padre. Vio cómo se convertía en un adicto al trabajo, porque eso fue todo lo que le quedó. Y mientras la empresa florecía., obteniendo todos los beneficios que tan feliz habrían hecho a su madre, Vanessa no pensó en la amargura que debía sentir su padre al pensar que la empresa ya no era suya y que todos aquellos beneficios llegaban demasiado tarde para salvar su matrimonio.
Pero apostar...
- Era un lugar al que ir, algo que hacer – explicó Gerald mientras su hija lo miraba, estupefacta. Entonces empecé a perder y pensé que no podía seguir perdiendo siempre...
El silencio se prolongó unos momentos y entonces Gerald Hudgens se levantó pesadamente del asiento y se encaminó con paso cansino hacia la puerta.
ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO(: